Siete momentos y siete maneras de reavivarlos en la memoria : Miércoles 4

Le Révelateur / Foto cortesía de Afterpop

Miércoles 3 : Teatro de la Ciudad

A/Vision 1

Los ojos están especialmente expectantes. Será esta la primera noche de estímulos visuales intensos. La actividad sobre el escenario comienza con un regaño de Nils Frahm. No podía creer la impuntualidad de los mexicanos. “Eso es muy mal visto de donde yo vengo”. Es alemán. ¿Qué no eran los ingleses los puntuales? Nos dice que debemos sentirnos afortunados de tener un festival como Mutek en nuestra ciudad. Concuerdo con él. Afortunados fuimos también quienes logramos llegar a tiempo para oír en los altavoces desde la primera llamada. La ciudad es complicada para sortearla en horas-pico, o sea, 16 de las 24 horas del día. Pese a los habitos locales relacionados con el tiempo, Frahm está feliz. Le encanta el lugar. Cómo no iba a ser así, es el Teatro de la Ciudad. Nos cuenta que cuando se rompió un dedo, el doctor le sugirió dedicarse a otra cosa, la batería por ejemplo. Y comienza su concierto con una pieza/chiste: es él aporreando las cuerdas como si se tratara de tambores. Gran manera de subrayar su manera poco convencional de usar el piano. Además, sentido del humor tiene. ¿Entonces era broma lo de la puntualidad? Quién sabe. Ya no importa. Frahm ha comenzado a tocar el piano. Ahora, la atención está puesta en esas piezas atmosféricas e intimistas que le han valido colaborar con gente como Ólafur Arnalds o Deaf Center (a quien, por cierto, estuvimos escuchando en los lapsos entre acto y acto). Poco a poco, las notas que salen de sus dedos irán dejando rastro, con reverberaciones que parecen desplazarse a la misma velocidad que las coloridas gotas que allá atrás The Joshua Light Show está dejando caer en algún recipiente. Visuales artesanales de raigambre sicodélica y piezas contemplativas e intimistas, una gran mancuerna para iniciar una noche de asombros.

Nils Frahm / Foto cortesía de Afterpop

Nils Frahm / Foto de autor desconocido

Nils Frahm / Foto cortesía de Isla Kriss

Luego llega Le Révélateur, con sus paisajes sonoros sintéticos y retrofuturistas y unos visuales que no todos disfrutan, sobre todo quienes ven un viaje a los 80s donde en realidad hay obsesión por la estética computacional y el procesamiento de datos. New aesthetics, que le llaman. Si hubiéramos tenido robots de compañeros de butacas, los habríamos visto llorar con esos visuales. Otra pausa sonorizada con música de Deaf Center, Balam Acab y Mars Lasar.

Le Révelateur / Foto cortesía de Afterpop

Vuelven a apagarse las luces y regresa el sentido del humor, ahora en forma de un asterisco luminoso y luego un bostezo. Un gran bostezo desde los speakers que pronto se convierte en un track bailable nos hace saber que Euphorie, el proyecto de 1024 architecture en el que exploran la posibilidades cinestésicas de la luz y el sonido, llega provisto de mucho sentido del humor; los veremos transformarse a lo largo de su show de clowns a encantadores de serpientes, y más tarde, a criaturas salidas de la imaginación de Syd Mead y Jean Giraud. Las luces estroboscópicas, la música y los guiños irónicos audiovisuales nos dejan preparados para una noche larga que sucederá hasta el día siguiente.

Euphorie / Foto cortesía de Afterpop

Ehphorie / Foto cortesía de Isla Kriss

Euphorie / Foto cortesía de Isla Kriss

Una visita al estudio de The Joshua Light Show:

A Studio Visit with The Joshua Light Show from Kickstarter on Vimeo.

por Jesus Pacheco @peach_melba