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A/VISION 3: Estados alterados

A/Visión es la serie de actividades del festival dedicada a la creatividad digital y la experimentación, es la que dispone estimulación visual extraordinaria y sonidos envolventes para trasladarnos a los universos particulares que han creado cada uno de los artistas. Fue en el que el año pasado, Murcof y AntiVJ nos llevaron, de la mano del asombro, a un viaje por el cosmos tridimensional que construyeron mediante varias pantallas, y también fue en el que, en junio de este año, allá en Montreal, Andrew Pekler y Jan Jelinek revivieron a Ursula Bogner, una supuesta compositora electrónica que permanecía en el olvido, o en el que Pierre Bastien y Espen Sommer pusieron en acción una pequeña orquesta mecánica. Se trata siempre de momentos en los que debemos sentarnos a vivir experiencias inmersivas. Y si de inmersión y de universos particulares se trata, A/Visión 3 de la edición que estamos por atestiguar es la más sui géneris y la más intensa. Para sensibilidades exigentes. No es gratuito que se haya decidido subtitularla como “Estados alterados”.

Abre la noche Antiguo Autómata Mexicano, un viejo conocido de la música electrónica nacional, uno que ha llevado los sintetizadores y los efectos a un espectro más rockero. Para su presentación en Mutek, él y su banda se moverán entre el ambient rock y la psicodelia contenida en su Surspacea. Todo acompañado de imágenes pixeleadas y glitches de video para mantener el ojo estimulado.

Luego, escucharemos cómo suenan las versiones en vivo de un disco que seguramente figurará en varias listas de lo mejor del 2012: Quarantine, el tercero de esa fanática de los sintetizadores y gran remixer que es Laurel Halo. Su propósito siempre ha sido crear música con el rasgo que ella misma busca en las composiciones de los demás: que sea memorable. Y vaya que consiguen dejar rastro en nuestra memoria su combinación de melancolía, atmósferas hipnóticas, misterio y psicodelia. Con cada track suyo, se tiene siempre la impresión de que Halo está expandiendo las fronteras, del pop y de nuestra percepción.

Enseguida, Organ Mood demostrará por qué suelen usarse tres palabras para describir la experiencia que consiguen crear: improvisación, inmersión y misticismo. Con cajas de ritmos, sintetizadores, secuenciadores, un órgano farfisa y proyecciones que van siendo intervenidas en vivo, Mathieu y Christophe consiguen poner al espectador en estado contemplativo y dispuesto a la introspección. Ellos prefieren llamar “rituales” a cada una de sus presentaciones. Luego de atestiguar la relación que desarrollan con cada uno de sus públicos y la manera en que llegan a manipular el tiempo, se sabe por qué.

Y si comenzamos a regresar a la normalidad luego de que Organ Mood baje del escenario, Sun Araw se encargará de llevarnos de regreso a nuestros subconscientes, con ayuda de su estética lo-fi, una que se nutre lo mismo del cosmic rock alemán que del space funk de Sun Ra. La instrumentación, los filtros, la repetición y las texturas conseguirán situarnos en ese momento entre la vigilia y el sueño en el que creemos oír voces o ver pasar sombras. Para referirse a su paleta sonora, por ahí escribieron con precisión que evoca atardeceres tropicales en una novela de ciencia-ficción. Otra vez el tiempo se volverá de chicle y no sabremos cuánto tiempo hemos pasado encerrados ahí en el Fru Fru.

Por: Jesús Pac